La vida en serie
La vida en serie
Por María Rosa Gianello
Esta noche, cuando en vano busque los brazos de Orfeo
le hablaré a mi otro yo,
le diré que la virulencia de sus actos no rasgará un ápice a sus adversarios,
que acepte su incapacidad para lograr consensos con los infieles.
Insistiré para que baje sus espadas.
Pondré vallas a esas palabras que se escapan como flechas.
Propondré que seamos misericordiosos, todos tocamos las puertas del infierno.
Insistiré en mi premisa: si estás seguro, no te rindas, la verdad no siempre habita en las multitudes.
Le recordaré que combata la ignorancia, porque hasta el odio es más humano,
que la hipocresía oxida los huesos tanto como la vanidad enceguece.
Lo instaré a no sumarse a la cofradía de los obsecuentes, elixir de los déspotas.
Buscaremos juntos calmar a los demonios,
Sugeriré una copa de vino al atardecer,
Encenderemos una fogata para consultar a la pitonisa.
Acordaremos no llorar sobre fotos amarillas, ni lamentar el tiempo perdido, ni los ideales hechos trizas.
No pediremos clemencia, sí oportunidad.
Cuando consigamos el sueño, carabelas doradas nos harán navegar hacia otros sitios, no vistos durante la vigilia.
Con la llegada del día despertaremos ávidos,
Se habrá terminado la tregua.


