Estos textos forman parte de «Monstruos y Flores». Antología Federal de Mini ficción 2021.
Lomadas
Está el camino de tierra y está el camino de broza. Luego del verano, llega el Pampero, un ventarrón que asusta y es bravío. Los de Vialidad se han atrasado; con las maquinarias, solo enmiendas. En las calles, un polvo translúcido se nos pega a las orejas. El polvaredal invade todo como un manto. Un caballo pasa dejando la boina del jinete en la tranquera. El productor alza su voz de alto parlante, anuncia papas y batatas; saldos, baratijas y otras mentas. Suenan, convocantes, las campanas de la Iglesia. Pocca emite un ladrido feroz. Se escucha un Padre Nuestro. Como verdaderos infieles, nadie va a la Iglesia. Los agro-negocios acechan. Temiendo ser envenenados, vamos por el agua. Agua para beber. Agua para cocinar. Agua bendita para obsequiarla al que camina. Esparcirla sin hissopum, salvar la madre tierra. Justo a esta hora, cuando un sacristán le sirve a Dios un té con canela y masitas de hojaldre.


Girar como planetas
No te imagines algo impresionante. Lo que te propongo es sencillo. Dos elementos. Papas y cerveza. Papas de esas mismas que hemos desechado y seguimos conservando en la nevera. Cerveza liviana y fresca. Nada demasiado despampanante, te digo. Dejar que pedacitos de papas vuelen por el aire, caigan en las baldosas de la plaza y hagan venir una bandada de pájaros. Colibríes, caseritos, calandrias y zorzales. Habremos bebido a mansalva, cuando otros se acerquen a querer participar de la fiesta. Embriagados, los invitaremos a girar como planetas, a disfrutar de no saber dónde estamos, cuál es el norte, ni el camino de regreso a las certezas. Es la teoría del derrame, la forma de redistribuir la borrachera. Como si girar fuera nuestra manera peculiar de salvarnos.
Insurrectos
A ver, digamos que hemos trascurrido, no exactamente _pero sería distinguido_ como Voltaire, danzante en la corte, sino similares a templos de Sanssousi, con un aflorar de polisarcia.
Hemos transcurrido queriendo volver, zanjando heridas, hostiles al presente. Con todo, destronamos algunos ídolos y elevamos otros que quizá subsistan, o en su momento, sean destronados.
Sucedimos inexorables. Escribimos la infancia o el hombre amado. De a cientos, contamos el drama americano para consolarnos. Levantamos muros contra la infamia, nos refugiamos en lo sagrado para honrar a los muertos.
Hicimos reverencias a ídolos de barro, y algo todavía más espléndido, batallamos para ser iluminados, de pie sobre antiguos huesos. A esta hora, silenciados, hacemos una pausa. Escuchamos petardos, miramos niños ofreciendo pan con chicharrones. Una aurora cenicienta toca nuestras manos.
Nos buscamos en sórdidas campañas, Hacemos quemar libros. Fogoneros resucitan, para que no cese el odio. Pero estos, son apenas instantes en nuestro transitar. De un momento a otro se dispondrán, otra vez, los conferencistas. No sobre taperas, sino de reminiscencias elegantes, antepasados ilustres, o no tanto, porque mira vos: son tenues y nosotros recién comenzamos.
