
Puesto que hoy lloraron los telediarios
y que la memoria se difuma,
puesto que en el hogar
el aire no es ni dichoso ni sombrío
y estos volúmenes no me cuentan nada,
y sopla un viento de otra época.
Puesto que también me acuerdo
de mi gatita muerta,
y que no estás.
Puesto que esos gases en Plaza de Mayo
no me alcanzan,
lo prometo:
No me voy a quejar.
Voy a reventar todas las trincheras
de esta confortable apacible apatía,
de esta mañana siniestra.

Pequeño cardo,
cardo pequeño,
de vez en cuando
minúsculo y despojado
parece que en un
puño mío cabés,
que de esa forma puedo
callarte y llevarte conmigo,
sin embargo,
presurosas,
mis mejillas rozan tus manos.
Has prosperado
en este terreno adverso
sube tu espalda como una lomada,
tus brazos se pasean sobre mis hombros,
mis dedos apenas llegan a tocar
la menuda línea de sol naciente
de tus venas blancas
no te basta el alma cautiva,
en resistir como torrente de mar te has empeñado.
Me niego a cortar tus hojas espinosas
más extensas que llanura
y me arrodillo a tus pies para besar el suelo.