Canción Dorada

El allá es un espejo en negativo. El viajero reconoce lo poco que es suyo al descubrir lo mucho que no ha tenido y no tendrá
Italo Calvino

Llegarán vientos mansos y un oleaje suave sobre la orilla,
y colibríes aleteando con sus metálicos colores;
y biguás en aguas dulces bueceando en la tarde,
y guayabos del país, de brillante textura.
Los cardenales vestirán su copete rojo
presumiendo el dorso plomizo sobre el alambrado.
Y nadie sabrá del hambre,
ninguna Cumbre de las Américas oirá el grito de la tierra,
nadie se preguntará cuántos, al fin, pudieron alimentar sus huesos,
cuántos pudieron ponerse de pie por la mañana.
A nadie le interesaría, ni al pájaro ni al viento,
si toda la gente sucumbiera;
y el mismo septiembre, cuando llegara el amanecer
apenas advertiría nuestra falta.

Caminar junto a un niño virtuoso,
cortés, romántico,
que salva animales,
los protege como
pequeño gorrión.

Caminar contigua al pequeño cantarín,
el mismo que invoca para sí
una legión ágil, angelical,
de párvulos trasnochados,
chicos cuya libertad
irrumpe la somnolienta
rutina del mundo.

Camino, camino y camino
como ese niño,
audaz, capaz, tenaz
para poder alcanzar su festín
de cielo azul.