Solicitud de empoderamiento de Walkiria Hanzen
Por María Rosa Gianello
La suscripta, Walkiria Hanzen
dirige este mensaje al señor Regente
a fin de requerirle tenga a bien
colgar un cuadro con su imagen
en la sala de mujeres entrerrianas.
No esos cuadros sacados a un pasillo,
ambientados pobremente, cada 8 de marzo. No.
Pido un lugar en esa galería
de damas notables de mi pueblo.
Pasé por el Convento de la Adoración.
Abracé el amor tiránico de mi madre.
Estudié Pedagogía.
Me entregué a los niños, fui su institutriz.
Formé cientos de profesores.
Renuncié a contar la vida de María Montessori.
Callé la iniciativa de las hermanas Cossetini.
Enseñé a Comenio, a Pestalozzi y a Rousseau.
Escribí cartas que no fueron contestadas,
aunque no tantas como Juana Manso.
Tengo más horas de escritorio que de sueño.
Seguí las enseñanzas del Superior Reglamento
Decoré salones, firmé pergaminos.
Sellé miles de libretas.
Alenté a padres desesperanzados.
Me supe instrumento de la Magna Didáctic
Usé medias color hueso, camisas con jabot,
vestí polleras bajando las rodillas,
calcé zapatos de tacón.
Teñí de negro mi pelo,
maquillé con polvo el pálido rostro.
Alcé como bandera el decretum sarmientino,
si hasta renuncié a que me llamen Poema,
en vez de Walkiria.
En mi piel revientan como manchas las palabras furtivas.
Cierta melancolía me escolta.
Después de todo, Su Excelencia, como mi nombre lo indica, no
he sido más que una guardiana,
cuidadora de cientos de afectados por pupitres.
Dejé para después la necesidad de reconocimiento, que ahora sí reclamo.
Por tanto, viéndose cumplidos en extremo los deberes
de tan abnegada vocación, dese por fundamentada mi demanda.
Aguardo me conceda este reconocimiento,
pues si bien no fundé la Sociedad de Beneficencia,
mi entrega es tan honorable como la de Juana Castro.
Lo saludo cordialmente, sin más estrella que el Santísimo que me guía.


